Cuando volvemos a casa una escena muy conocida por casi toda persona con perro, es una cola moviéndose de lado a lado y un perro que hace lo imposible para saludarnos, normalmente de manera nerviosa.

Para nosotros también es un momento feliz y esperado, ya que (al menos a mí me pasa) cuando vengo cansada del trabajo que te reciban con esa energía es realmente satisfactorio. Una vez alguien me preguntó si los perros tenían noción del tiempo y si notaban la diferencia entre 5 minutos o una hora. Esto es algo que es normal que uno se pregunte, ya que hay perros que reaccionan con alegría aunque te hayas ausentado tan solo unos pocos minutos.

Un perro con un buen apego y vínculo con su tutor le recibirá con alegría se haya ido poco o mucho tiempo y, si bien de momento no hay estudios científicos que lo demuestren, los perros parecen notar el paso de las horas. Por supuesto, no tienen el concepto de tiempo que tenemos nosotros ya que es algo que hemos definido nosotros. Pero sí que a través de los ritmos circadianos de su propio cuerpo y de las rutinas a las que esté acostumbrado, será capaz de darse cuenta si ha pasado más o menos tiempo desde la última vez que nos ha visto.

Inicialmente iba a escribir una publicación con ciertas pautas para trabajar la llegada a casa, ya que muchos perros son tremendamente brutos y se excitan muchísimo, llegando incluso a poder hacer daño a su tutor, al otro perro de la familia y a ellos mismos. Pero se me hizo complicado ya que la forma de actuar varía tremendamente según cada perro e incluso distribución de la casa.

Por poner un ejemplo, el recibirnos directamente en la puerta es más excitante para el perro por el aprendizaje asociativo de ese lugar, que recibirme en el salón. Pues bien, en una casa que tenga recibidor con puerta y el salón separado, muchas veces bastará con cerrar esta puerta. Pero si vivimos en un loft donde toda la casa está comunicada y no existen puertas, la situación ya ha cambiado y habría que buscar otras alternativas.

Por tanto, en este post te expongo más bien no cómo trabajar en casos extremos, en los que puedo ayudarte mediante asesoramiento personalizado, si no cómo ayudarte a reducir la excitación en esos momentos cuando la situación no es tan grave. 

 

Errores que cometemos al llegar a casa

Es muy fácil pensar que el problema de que mi perro salte encima a la gente que entra por casa es por su culpa y quitarnos el marrón de encima. Es verdad que hay veces que tenemos un perro enérgico, impulsivo y con poco autocontrol y cuando llegamos a casa, obviamente, es un momento de excitación ya que nos ha echado de menos y quiere saludarnos. Con toda la lógica del mundo, y eso nadie lo puede rebatir. Cuando llegamos a casa el perro quiere saludarnos porque es un animal social y nosotros somos su familia. Lo raro sería que no nos saludara o no se alegrara de vernos, al menos un mínimo.

Como comentaba antes, para nosotros también es un momento de felicidad. También le echamos mucho de menos. Es entonces cuando nos sale ponernos a su mismo nivel de excitación.

¿Qué cosas hacemos?

1. Empezamos a hablarle en tonos agudos elevando la voz. Le decimos su nombre, cuánto le hemos echado de menos, que a ver qué ha roto, que si tiene hambre, que si es lo más guapo del mundo, que si te quiero, que si, que si… No pasa nada por hablarle a nuestro perro, pero ya veremos en el siguiente apartado que hay formas mejores que hacerlo en este momento en concreto.

2. Le acariciamos de manera repetida, agitada e invasiva entrando demasiado en su espacio personal. Que el perro venga a saludarnos no significa que nos esté dando permiso para que nos echemos encima suyo, le abracemos con fuerza o le besemos ruidosamente la frente. Nos quiere saludar, sin más. Hay clientes que se sorprenden cuando su perro se acerca cariñoso y cuando ellos van a tocarle el perro se echa para atrás. Y yo les digo: ¿por qué en lugar de acercarte hacia él tirando el cuerpo hacia delante no esperas a que llegue y entonces le acaricias donde sabes que tanto le gusta? Así el perro disfruta realmente del contacto.

3. Nos ponemos a jugar con él inmediatamente tras nuestra llegada. Si nuestro perro estaba con las revoluciones algo subidas, esto ya sobre-calienta el motor.

4. Si nos salta nos enfadamos pero la mayoría de la gente no se ha parado a enseñarle al perro a controlar la impulsividad que provoca que salte. Esto lo que hace es generarle frustración. Él quiere saludarnos pero nosotros nos enfadamos con él.

Otras personas, por el contrario, han aprendido que cuando el perro está nervioso es preferible directamente no saludarle hasta que se tranquilice. De esto hablaré un poco en el apartado de «MITOS«.

Lo malo de los puntos 1, 2 y 3, es que añaden más excitación y nerviosismo a un estado emocional en el que el perro suele rebosar ya de por sí ambas cosas. Con algunos perros quizá no importe tanto que lo hagamos puntualmente si son perros tranquilos que se recuperan en seguida, eso sí, cierto estrés les quedará, pero es inevitable e insalubre buscar que el perro sienta cero estrés durante toda su vida. Además de imposible.

Sin embargo, si tenemos un perro de carácter impulsivo, nervioso y enérgico y nosotros encima se nos ocurre echar más pólvora al fuego, ahí sí que tendremos un perro fuera de control al que le costará más recuperarse y, que si nos recibe mínimo una o dos veces al día, son al menos unas siete veces a la semana las veces que estás sobrecargando al perro. Si el perro además tiene algún problema de gestión emocional, supongamos reactividad en la calle, esto podría afectar al trabajo que estuviéramos haciendo.

Cómo hacer que saludes correctamente

Como vengo anticipando, se trata de transmitir al perro tranquilidad y contrarrestar el exceso de energía que pudiera tener él. Para eso:

1.  Al entrar en casa dale alguna caricia suave para hacerle saber que te has dado cuenta que esta ahí y una vez dejes las cosas vete a un sitio tranquilo donde sentarte, agacharte o ponerte a un nivel que tanto al perro como a ti te resulten cómodos para acariciarle. Las caricias deben ser suaves, tranquilas y a favor del pelo preferiblemente.

2. El tono de voz que usemos, si es que hablamos, será bajo, suave y constante. No elevaremos la voz ni alteraremos al perro. Se puede decir que le echas de menos sin necesidad de hablar con voz chillona.

3. Puedes cambiar el momento juego explosivo por un poco de olfato tras haberle saludado. De esta forma rebajará un poco el estrés del saludo y luego si quieres te puedes ir a dar un paseo que incluya ese juego.

 

Mitos

No se debe saludar a un perro nervioso cuando llegamos a casa. Recién debemos acariciarle cuando ya se haya tranquilizado.

¿A ti te gustaría llegar a casa y que tu pareja o persona con la que vives te ignore completamente? El perro nos viene a saludar como animal social que es. Si lo hace de manera efusiva lo trabajaremos para minimizar eso, pero no podemos pretender que por sí solo y por arte de magia se tranquilice (para algunos es muy difícil) y encima luego entienda que «si te acaricio ahora es porque estás tranquilo», cuando quizá pasaron 10 o 15 minutos desde que pasaste por la puerta.

Si saludas a un perro excitado al llegar a casa, aumentas las posibilidades de que tenga ansiedad por separación en el futuro o bien empeoras la actual.

Este es un mito muy difundido y que ha hecho mucho, pero que muchísimo daño, ya que, al contrario de lo que se piensa, una de las mejores armas de las que disponemos para trabajar sobre la ansiedad por separación es el andamiaje social. Es decir, el apoyo social de los seres queridos del perro, de su familia, de ti. Serás tú quien le enseñe herramientas de afrontamiento pasivo y activo, no las aprenderá él solito.

¿Pero qué apoyo social va a querer recibir el perro de alguien que pasa de él al llegar a casa? Eso lo único que hace es manchar y perjudicar el vínculo afectivo que tengamos con nuestro perro, que es una de las cosas que más se trabaja en los casos con ansiedad por separación.

Que si te salta encima es dominante y hay que corregirlo.

Tu perro no te salta encima para dominarte. El concepto de dominancia aparece en el momento en que el perro quiere disfrutar de un recurso ya sea en el presente o en el futuro y adopta una actitud dominante en pos de disfrutar de ese recurso que puede ser comida, un sitio de descanso o un juguete.

Los recursos son materiales. No se considera a un miembro social como un recurso y, por tanto, tu perro no te está queriendo dominar. Lo que está queriendo hacer es saludarte y hay muchos perros que para hacerlo, de la misma excitación del saludo, saltan para tener más accesible tu cara y darte besitos.

De hecho, hay razas más saltarinas (que además suelen ser las más impulsivas) y que tienden más a mostrar esta conducta. Ej.: los bóxer.

Que salte o no es algo que nosotros elegimos si nos gusta o no nos gusta, ya que realmente no tiene ningún problema salvo que no nos guste o que pueda resultar peligroso ya que no hace distinciones sobre a quién le salta y tenemos un perro de 50 kg que puede hacer daño. Si no te gusta, no tienes más que trabajarlo para rebajar primero esa excitación y segundo para que su forma de saludar sea otra.